La historia de San Lorenzo
De un patio de oratorio en Almagro a la Copa Libertadores. Una historia para leer de corrido, como un cuento, o para escuchar, con fotos y videos para ver cómo fue.
El cura, el oratorio y la pelota
Todo empezó con una pelota y un problema. A comienzos del siglo XX, en el barrio de Almagro, los pibes jugaban en la calle, y cada tanto tenían que frenar el partido porque venía un tranvía. Cuenta la tradición que alguien tenía que hacer algo antes de que pasara una desgracia.
Ese alguien fue el padre Lorenzo Massa, un cura salesiano. Les abrió el patio del oratorio San Antonio y, entre misas y picados, los chicos armaron un equipo. El 1º de abril de 1908 ese grupo se convirtió en club, y lo llamaron San Lorenzo en homenaje al cura, que los acompañó hasta su muerte, en 1949.

Los primeros años fueron de potrero y de mucha paciencia. El primer presidente, Antonio Scaramusso, tenía un club sin cancha propia, con una cuota de un peso por mes y partidos en lo de otros, como en el Parque Chacabuco. Aun así, el equipo se las rebuscó: fue campeón de la liga de ex alumnos de Don Bosco en 1909 y, un año después, le ganó a San Martín en un partido por el centenario de la Revolución de Mayo.
Pero no todo fue avanzar. En 1912, por primera vez, el club se quedó sin actividad y los jugadores se fueron a otros equipos. Por suerte duró poco: en 1913 renació, con José Gorena como presidente y una cancha alquilada en Olivos.
Con esa segunda oportunidad llegó el paso decisivo. En 1914 San Lorenzo se afilió a la Asociación Argentina de Fútbol y debutó con una derrota, 1-2 con Excursionistas. Pero apenas dos semanas después llegó la alegría: un 14-1 a Sage Rovers, con Luis Gianella como goleador, con nueve goles. El club ya tenía rumbo.
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A Primera, al Gasómetro y a la gloria
Para San Lorenzo, 1915 empezó con una fiesta. El primer día del año, en la cancha de Ferro, le ganó 3-0 a Honor y Patria y ascendió a Primera. Y esa misma temporada se cruzó por primera vez con su vecino de toda la vida: le ganó 3-1 a Huracán, en el primer clásico.
Un año más tarde llegó otra gran noticia: la casa propia. En 1916 inauguró su cancha en la Avenida La Plata, con un 2-1 a Estudiantes. Con el tiempo, ese terreno se iba a convertir en el Gasómetro, y en el lugar donde iba a transcurrir buena parte de esta historia.

Mientras el estadio crecía, el equipo también. Perdió la final de la Copa Competencia con Racing, ganó el torneo Caballito en 1919 y, cuando las entidades del fútbol se dividieron, pasó a jugar en la Asociación Amateurs de Football. Las figuras ya aparecían: Alfredo Larmeu hizo 21 goles en 1921 y, en 1922, debutó Luis Monti, que seis años después sería subcampeón olímpico en Ámsterdam.
Pero 1922 también dejó una tristeza que el club nunca olvidó: la de Jacobo Urso. Tenía 22 años y era querido por todos. A fines de julio, en un partido con Estudiantes, chocó con un rival y se rompió algunas costillas; una de ellas le perforó un riñón. Aun así, siguió jugando. Cuando lo operaron, ya era tarde: murió el 6 de agosto, después de una semana de agonía.
Su despedida conmovió a todo el barrio. El funeral salió del Gasómetro, y miles de personas lo acompañaron hasta el cementerio. Desde entonces, Jacobo Urso quedó en la memoria del club como el símbolo de quien lo dio todo por la camiseta.

Un año después, la tristeza se transformó en gloria. El 30 de diciembre de 1923, con un 4-1 a Lanús de visitante, San Lorenzo fue campeón por primera vez. Y repitió en 1924: arrancó invicto durante las primeras quince fechas, la Reserva también salió campeona y, como si fuera poco, ganó la Copa Río de la Plata contra Wanderers de Uruguay.
Así siguieron los años de equipo temible. En 1926 arrancó una racha de 47 partidos sin perder y, en 1927, en el primer torneo después de la fusión de las dos ligas, con 34 equipos, volvió a ser campeón, con Boca a solo un punto. Ese año, además, cuatro de sus jugadores formaron parte de la Selección campeona sudamericana en Perú.

Entretanto, el estadio seguía tomando forma. En 1925 fue la primera cancha del país con alambrado olímpico y, en 1928, el club compró el terreno de la Avenida La Plata. Un año después, bajo la presidencia de Pedro Bidegain, el Gasómetro recibió una final del Sudamericano, en la que Argentina le ganó 2-0 a Uruguay. Para 1930 el estadio estaba terminado y el club tenía más de 15.000 socios. El último clásico amateur, a fin de ese año, fue un 3-1 a Huracán. Una época se cerraba, y empezaba otra.

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Nace El Ciclón
Con el profesionalismo, el fútbol argentino cambió, y San Lorenzo cambió con él. El 31 de mayo de 1931, en el Gasómetro, jugó su primer partido profesional: le ganó 4-2 a Tigre, y Fernando Rivas hizo el primer gol, a los cinco minutos. Los primeros clásicos tampoco defraudaron, con un 2-0 a Boca y un 3-0 a Huracán.
Un año después nació el apodo que lo acompañaría para siempre: El Ciclón. Y el nombre le quedaba bien, porque era un equipo que arrasaba. Gabriel Magán hizo 22 goles esa temporada, cinco de ellos en un solo partido a Tigre, y ganó por primera vez a Boca en el Gasómetro. Para entonces, además, el club terminó de pagar el terreno de la Avenida La Plata.
Esa fuerza se transformó en título el 19 de noviembre de 1933. Con un 1-0 a Chacarita, de visitante, San Lorenzo, con Atilio Giuliano como técnico, se consagró campeón de la era profesional por primera vez. Fue un torneo de goleadas, como el 6-1 a Estudiantes y el 7-1 a Gimnasia, y de dos grandes goleadores: Magán, con 24 goles, y Diego García, con 23.
Tres años más tarde llegó el segundo título, en 1936, un año lleno de novedades. El Gasómetro estrenó la iluminación y un 1-1 con Boca dejó una recaudación récord. Hubo también una espina: San Lorenzo llegó a la final de la Copa de Oro, pero perdió 2-4 con River.
Para fines de esa década apareció un goleador histórico, Isidro Lángara. Debutó con cuatro goles a River, en un 4-2, y terminó ese año con 35; al siguiente hizo 33. Y mientras tanto, otro nombre empezaba a sonar: Rinaldo Martino, que debutó en 1941, el mismo año en que el club pagó un récord por un arquero y ganó once partidos seguidos, incluidos los de River, Boca, Independiente y Huracán.
Así llegó la década del cuarenta, con una Copa República en 1943 y un Martino que ya llegaba a los 21 goles en 1944. Todo estaba listo para una de las delanteras más famosas de la historia.
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Farro, Pontoni y Martino
En 1945 San Lorenzo hizo dos fichajes que cambiaron todo: trajo a Armando Farro, de Banfield, y a René Pontoni, de Newell's, por quien pagó una fortuna para la época. Pontoni debutó con tres goles en un 4-1 a Gimnasia de La Plata. Junto a Rinaldo Martino, formaron una delantera inolvidable.

Ese ataque explotó en 1946. San Lorenzo, dirigido por Diego García, hizo 90 goles en 30 partidos, 20 de ellos de Pontoni, y fue campeón. Una tarde de septiembre le ganó 7-0 a Rosario Central, y fue la primera vez que los tres convirtieron en un mismo partido. Al año siguiente siguió la fiesta, con goleadas como un 8-2 a Tigre, con cuatro goles de Martino.

El club vivía su mejor momento. Tenía 36.500 socios, había inaugurado grandes obras y salió de gira por España y Portugal, una gira histórica que cuenta el siguiente video.
Pero lo que sube también puede bajar. En 1948 los jugadores hicieron una huelga y el club tuvo que jugar las últimas cinco fechas con juveniles; además, Pontoni sufrió una grave lesión de rodilla. Al año siguiente llegó el éxodo: Martino y Basso se fueron a Italia, otros a Colombia, y Martino fue campeón con la Juventus. Ese año, además, murió el padre Lorenzo Massa, a los 66 años.
Aun así, el club siguió ganando. En 1950 Mario Papa fue el goleador del torneo, con 24 goles, y San Lorenzo ganó la Copa Lisboa, la Copa Presidente Perón y la Copa Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú. Y el 18 de noviembre de 1951 fue protagonista de un momento histórico: el primer partido televisado de la Argentina, un 1-1 con River. Un año después murió Federico Monti, el fundador.
Y cuando parecía que una era se terminaba, el 15 de noviembre de 1953 debutó un pibe de 18 años, con un 1-0 a Newell's en Rosario. Se llamaba José Sanfilippo.
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El Nene y los Carasucias
A mediados de los cincuenta, San Lorenzo cambiaba de generación. En 1954 Pontoni volvió para retirarse, y la Reserva fue campeona con un delantero flaco llamado Sanfilippo. Un año después se fue Mirko Blazina, tras 241 partidos, el último que quedaba del campeón del 46. Ahora era el turno del Nene.
Y vaya si fue su turno. Entre 1958 y 1961, José Sanfilippo fue goleador del torneo cuatro años seguidos: 28 goles, 31, 34 y 26. En el último, un 3-0 a Boca en la fecha final, con dos goles suyos, lo dejó un gol arriba de Artime. En esos años, además, debutó Carlos Bilardo y el club cumplió 50 años.

Con ese goleador, en 1959 San Lorenzo, dirigido por José Barreiro, fue campeón, con siete puntos de ventaja sobre Racing. Ya consagrado, goleó 6-3 a Huracán, con tres goles de Boggio y tres de Sanfilippo, y hubo una recaudación récord en un 3-0 a River. Un año después jugó la primera Copa Libertadores de la historia y llegó a las semifinales, donde quedó eliminado por Peñarol tras un desempate.
Mientras tanto, del club salía una generación distinta: los Carasucias. Los primeros fueron Casa, Doval y Telch, en 1962, tres pibes formados en casa. En 1963 debutó Héctor Veira, con un 3-0 a Vélez, y el Nene se fue a Boca; cuando se enfrentó a su ex equipo, lo expulsaron. Al año siguiente debutó Nano Areán, que completó el grupo, y Veira fue goleador del torneo con 17 goles. Ese año, además, el club ganó la Copa Jorge Newbery.
Al frente de ese equipo estuvo Juan Carlos Lorenzo, que se hizo cargo en 1961 y que, en 1962, dirigió a la Selección argentina en el Mundial de Chile. Y hacia 1967, con el brasileño Tim en el banco, el equipo ya era temible: le hizo cuatro goles a Boca en el primer tiempo, todos de Veira. Algo grande estaba por pasar.
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El primer campeón invicto y el adiós al Gasómetro
Y pasó en 1968. Ese año San Lorenzo ganó el Metropolitano sin perder un solo partido: fue el primer campeón invicto del fútbol argentino. Lo dirigía Tim, se habían sumado Villar, Cocco y Veglio, y Fischer hizo 13 goles en el torneo. La gente los bautizó Los Matadores. En la semifinal le ganaron 3-1 a River y en la final, 2-1 a Estudiantes, en la cancha de River.

Cuatro años después llegó el bicampeonato. En 1972 San Lorenzo ganó el Metropolitano, con victorias de visitante como un 4-0 a River y un 3-0 a Boca, y también el Nacional, con un 1-0 a River en la final, en la cancha de Vélez. Lorenzo había vuelto al banco, y el Ratón Ayala metió 15 goles en un torneo y 8 en el otro.

Después de tanta gloria, siguieron buenos años. Fue semifinalista de la Copa Libertadores en 1973 y, con Zubeldía como técnico, ganó otro Nacional en 1974. En 1975 Scotta hizo 60 goles, un récord, y en 1978 Olguín y La Volpe, dos jugadores del club, fueron campeones del mundo con la Selección.
Parecía que la fiesta no se terminaba nunca. Pero por debajo de los festejos crecía un problema: el club venía acumulando deudas y, en 1979, estaba en la mira de la dictadura militar. El intendente de facto de la ciudad, Osvaldo Cacciatore, tenía un plan de reordenamiento urbano para Boedo que incluía abrir calles que atravesaban el predio de la Avenida La Plata, y construir viviendas y una escuela. Con la amenaza de que el terreno fuera expropiado sin indemnización, San Lorenzo se vio obligado a vender.
El precio fue muy bajo. Según las distintas fuentes, la venta fue por unos 900.000 dólares, y el comprador fue una sociedad creada pocos días antes. Las versiones sobre los montos y las fechas no coinciden del todo, pero para los hinchas lo que ocurrió fue un despojo, y todavía hoy se lo recuerda así.
El 2 de diciembre de 1979, San Lorenzo y Boca empataron 0-0 en un partido que nadie sabía que iba a ser el último en el Viejo Gasómetro.

Después vino la demolición. Las calles prometidas nunca se abrieron, y las viviendas y la escuela nunca se construyeron. Pocos años más tarde, el terreno terminó en manos de la cadena de supermercados Carrefour, que levantó allí un hipermercado. San Lorenzo, mientras tanto, se quedó sin cancha: pasó catorce años sin estadio propio, y cuarenta hasta recuperar el terreno. Y aun hoy, en esa tierra todavía no se construyó nada: la cancha no volvió.
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Sin cancha, la B y las ilusiones
Sin su cancha, San Lorenzo anduvo de prestado. Jugó de local en Huracán, en Vélez, en Atlanta, en Boca y en Ferro, y la inestabilidad se notó adentro de la cancha. En 1980 se salvó del descenso por solo tres puntos sobre Quilmes y, en agosto de 1981, el descenso llegó igual.
Pero la hinchada no se fue. En 1982, en la Primera B, el club batió récords de recaudación y superó a los equipos de Primera A; con Rinaldi como goleador, con 16 goles, fue campeón y volvió a Primera enseguida. Ya de regreso, en 1983, le ganó 4-0 a River.
En esos años aparecieron personajes que quedarían en la historia. En 1985 debutó José Luis Chilavert y, en diciembre de ese año, Perazzo le hizo un gol a Argentinos desde la mitad de la cancha. Un año más tarde se formaron Los Camboyanos y, en 1987, el equipo estuvo once fechas invicto y terminó a seis puntos de Newell's.
En 1988 llegó Gorosito, goleador con 20 goles, y el equipo se animó a más: ganó la Liguilla, fue el torneo de «los penales», con ocho definiciones ganadas de diez, y llegó a la semifinal de la Copa Libertadores. Un año después le ganó 4-0 a Boca en la Liguilla.
Siguieron los intentos. En 1991 ganó otra Liguilla y, en 1992, llegó a los cuartos de final de la Libertadores: le ganó 6-0 a Newell's, pero ese mismo rival lo eliminó después. Faltaban los títulos grandes, pero se acercaba algo que el club esperaba hacía mucho: un estadio nuevo.
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El Nuevo Gasómetro
El 16 de diciembre de 1993, después de catorce años, San Lorenzo volvió a tener estadio propio: se inauguró el Nuevo Gasómetro, el Pedro Bidegain, en el Bajo Flores. El primer partido oficial fue en marzo de 1994, un 1-0 a Belgrano, y el primer clásico, un mes después, un 1-0 a Boca, con gol de Silas en su debut.

Con casa nueva, el equipo volvió a pelear copas: llegó a semifinales de la Copa Conmebol en 1993 y a cuartos en 1994, y a cuartos de la Libertadores en 1996. En 1995, además, ganó el Clausura, con Héctor Veira como técnico y grandes campañas de Claudio Biaggio. Y en 1997 se dio el gusto de las goleadas: un 5-1 a Huracán y un 4-0 a Boca.
Hacia el final de la década llegaron nombres que serían importantes. En 1998, con Basile como técnico, el equipo fue semifinalista de la Copa Mercosur y debutó Bernardo Romeo; en 1999 se sumó Leandro Romagnoli y, en 2000, debutó el arquero Sebastián Saja. Se venía una era de copas.
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La era de las copas
El 2001 fue enorme. San Lorenzo, dirigido por Manuel Pellegrini, ganó el Clausura con 47 puntos, un récord, y encadenó 13 victorias seguidas entre el Clausura y el Apertura, otro récord. Romeo fue el goleador del torneo, con 15 goles. Y mientras tanto, seguía en carrera en la Copa Mercosur.
La final fue contra Flamengo, y se terminó de definir en enero de 2002. Después de un 0-0 en la ida y un 1-1 en la vuelta, en el Nuevo Gasómetro, la copa se decidió por penales. Fue el primer título internacional del club.
Y no fue el último de esa época. Ese mismo año ganó la Copa Sudamericana: en la final de ida le ganó 4-0 a Nacional de Medellín, de visitante, y en la vuelta empató 0-0 y se consagró campeón. Para entonces ya no estaba Pellegrini, que se había ido a mitad de año: el técnico campeón fue Rubén Darío Insúa.
Los años siguientes dejaron buenas campañas y futuros ídolos. En 2003 fue finalista de la Recopa y debutaron Zabaleta y Gonzalo Rodríguez; en 2004 debutó Ezequiel Lavezzi; y en 2005 llegaron Paolo Montero y Cardozo, y el equipo le ganó 3-0 a Boca, con tres goles de Peirone. En 2007, con Ramón Díaz en el banco, ganó otro Clausura.
En 2008, el año del centenario, vivió una noche inolvidable: empató 2-2 con River en el Monumental con dos jugadores menos, después de ir perdiendo 0-2, y pasó a los cuartos de final de la Libertadores. Poco después asumió Miguel Ángel Russo.
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Cien mil cuervos en Plaza de Mayo
Después de la era de las copas llegaron tiempos más difíciles. En 2009 asumió Diego Simeone, pero se fue al año siguiente, y desde entonces el banco no paró de cambiar de manos.
El 2012 fue un año de contrastes. En marzo, cien mil cuervos se movilizaron a la Plaza de Mayo para pedir que se aprobara la ley que permitiera volver a Boedo. Tres meses después llegó el susto: San Lorenzo zafó del descenso directo en la última fecha, con un 3-1 a San Martín de San Juan, y tuvo que jugar la promoción con Instituto, que ganó con un 2-0 en Córdoba y un 1-1 en el Nuevo Gasómetro.
Y en noviembre llegó la mejor noticia: la Legislatura porteña aprobó la ley de la vuelta a Boedo, que abría el camino para recuperar el predio de la Avenida La Plata. Un grupo de hinchas, la Subcomisión del Hincha, la venía impulsando desde 2010. En ese contexto asumió la presidencia Matías Lammens, y el club, que ya tenía 25.000 socios, empezó a crecer.
Todo eso desembocó en 2013, el año de la vuelta olímpica. Con Pizzi como técnico, San Lorenzo ganó el Torneo Inicial: se llevó todos los clásicos, con un 3-0 a Racing, un 1-0 a River y un 1-0 a Boca. Además, fue subcampeón de la Copa Argentina y debutó Ángel Correa.
Y ese año hubo otra novedad que llegó desde muy lejos. Jorge Mario Bergoglio, socio número 88.235 del club, fue elegido Papa. San Lorenzo tuvo, de golpe, un hincha en el Vaticano, y una de las primeras cosas que hizo la dirigencia fue viajar a verlo y regalarle una camiseta. Conocé la historia del Papa Cuervo. Para fin de año, el club ya tenía 37.000 socios.
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La noche de América
El 2014 fue el año más importante de la historia del club. Con Edgardo Bauza como técnico, San Lorenzo pasó la fase de grupos de la Copa Libertadores y fue eliminando rivales uno por uno: primero Gremio, después Cruzeiro y más tarde Bolívar. Ya estaba en la final.
El rival era Nacional de Paraguay. La ida, en Asunción, terminó 1-1. Y la vuelta, el 13 de agosto de 2014, en el Nuevo Gasómetro, se definió con un único gol: lo hizo Néstor Ortigoza, de penal. Así, San Lorenzo ganó por primera vez en su historia la Copa Libertadores.
Y la fiesta continuó en diciembre, en el Mundial de Clubes, en Marrakech, adonde viajaron más de 10.000 cuervos. En la semifinal venció 2-1 a Auckland City y, en la final, perdió 0-2 con Real Madrid. Fue subcampeón del mundo. Cuando volvieron, los dirigentes visitaron de nuevo al Papa, esta vez para entregarle la Copa Libertadores. El club ya tenía 55.000 socios.
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Volver a Boedo
Después de la Libertadores, el club siguió ganando. En 2015 perdió la Recopa con River y se fue Bauza, pero con Pablo Guede como técnico, en febrero de 2016, llegó otra alegría: en Córdoba, San Lorenzo le ganó 4-0 a Boca y se quedó con la Supercopa Argentina, con goles de Belluschi, Barrientos (dos) y Blandi.
Pero la gran historia de esos años no se jugaba en la cancha. A fines de 2015, el club había llegado a un acuerdo para recuperar los terrenos de la Avenida La Plata. Un año más tarde se inauguró el Polideportivo Boedo y se firmaron los acuerdos con Carrefour, hasta el boleto de compra-venta. Mientras tanto, Lammens fue reelegido y el club llegó a los 70.000 socios.
En 2018 se inauguró la sede administrativa en la Avenida La Plata 1794 y la dirigencia presentó el Proyecto de Rezonificación. Y el 28 de junio de 2019 se firmó la escritura que le devolvía al club más de 27.000 metros cuadrados: la «Tierra Santa» que había perdido casi cuarenta años antes. Conviene aclararlo: el club volvió a ser dueño del terreno, pero allí todavía no se construyó el estadio, que sigue siendo un proyecto. San Lorenzo continúa jugando de local en el Nuevo Gasómetro, en el Bajo Flores.
Pocos días después, una multitud de cuervas y cuervos celebró en las calles de Boedo y dentro del predio la toma de posesión. Fue una noche de fuegos artificiales y de un solo grito: ¡volvimos! Y en diciembre, en el mismo predio, se hizo una elección histórica, con más de 15.000 votantes, de la que salió presidente Marcelo Tinelli.
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Tiempos recientes: de Boedo a la crisis
Los años veinte empezaron con la pandemia, que frenó el fútbol, pero la vuelta a Boedo siguió su camino: en noviembre de 2020, la Legislatura porteña aprobó en primera lectura la ley de rezonificación, con 57 votos a favor y una abstención. En la cancha, en cambio, hubo mucho movimiento: por el banco pasaron Soso, Dabove, Montero, Troglio e Insúa. Aun así, el club llegó a la segunda fase de la Libertadores en 2021 y, en 2023, a octavos de la Sudamericana y a semifinales de la Copa Argentina.
Pero mientras se avanzaba hacia el estadio, la política del club se fue complicando. Matías Lammens, que había presidido desde 2012 y conducido la vuelta a Boedo, dejó el club a fines de 2019 para ser ministro de Turismo y Deportes de la Nación. Lo reemplazó, con una elección récord en el predio de la Avenida La Plata, Marcelo Tinelli, que hasta entonces era su vicepresidente.
La gestión de Tinelli duró poco. En mayo de 2021 pidió una licencia de un año y, el 30 de abril de 2022, renunció. En su mensaje dijo que sus otras actividades, muy públicas, le impedían dedicarse por completo, y que no quería generar divisiones ni violencia entre los hinchas. Eran días de crisis: el equipo estaba afuera de las copas y el club, en medio de una crisis institucional. Quedó al frente Horacio Arreceygor, hasta el final del mandato.
En diciembre de 2023, con una cifra récord de votantes, ganó las elecciones Marcelo Moretti, con el 36,7 % de los votos. Al asumir dijo que había encontrado un club en muy mal estado: inhibiciones y embargos, sueldos atrasados con los empleados y varios meses de deuda con el plantel y el cuerpo técnico. Habló de unos 35 millones de dólares de deuda y de 57 juicios, y acusó a Tinelli y a Lammens de haber vaciado el club. Son acusaciones de la nueva conducción; Tinelli respondió enumerando lo que había hecho en su gestión.
Aun así, la gestión de Moretti no logró ordenar la casa. En 2024 el club llegó a octavos de la Libertadores, se sumó Iker Muniain y, en el predio de Boedo, se desarmó el tinglado y empezó la demolición de las paredes del ex hipermercado. Ese año, además, Moretti visitó al Papa Francisco, que aceptó que el nuevo estadio lleve su nombre. Pero en 2025 se acumularon cuatro meses de sueldos y premios atrasados, y el técnico Miguel Ángel Russo llegó a dar un ultimátum. Sus críticos sostienen que la deuda creció unos 14 millones de dólares en un año; Moretti respondió que había recibido un club en mal estado.
El 21 de abril de 2025, un programa de Canal 9 mostró una cámara oculta en la que Moretti recibía 25.000 dólares que, según la denuncia, estaban vinculados al fichaje de un juvenil. Dirigentes del propio club lo denunciaron penalmente. Moretti dijo que el dinero era una donación para el club, se hizo una autodenuncia y pidió licencia. El dirigente Marcelo Culotta señaló que esos dólares no figuraban en ningún libro contable, y la Justicia allanó la sede.
La crisis siguió hasta fin de año. En diciembre, tras una tensa reunión de Comisión Directiva, renunciaron 14 dirigentes y el club quedó en acefalía. Moretti no renunció y habló de un golpe. Esos mismos días, la Justicia lo procesó por administración fraudulenta en la causa por la presunta coima, con embargo de sus bienes y prohibición de salir del país: es una decisión judicial en medio de una causa que sigue, no una condena. El 22 de diciembre, la Asamblea designó a Sergio Costantino presidente de una comisión transitoria y convocó a elecciones para el 30 de mayo de 2026.
En la cancha, 2025 había dejado un semifinalista del Apertura, un equipo en octavos del Clausura y la clasificación a la Sudamericana 2026; Russo dirigió hasta mediados de año y después, Damián Ayude. Y en abril había muerto el Papa Francisco, el hincha más famoso del club, a quien San Lorenzo despidió con un video y una camiseta especial.
Así llegó 2026, con más cambios en el banco: Ayude dirigió hasta marzo, después estuvieron Álvarez y Gorosito, y desde septiembre dirige Rubén Insúa. El equipo jugó la Copa Sudamericana y, el 30 de mayo, el club votó: ganó Marcelo Culotta, impulsor de la vuelta del estadio a Boedo, con Juan Manuel Campos como vicepresidente.
La historia de San Lorenzo sigue escribiéndose. Falta, todavía, el capítulo que muchos esperan: el del estadio nuevo en Boedo.
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La historia se sigue escribiendo
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